La Materia y la Forma

¿Por qué la forma tiene que estar en consonancia con la materia? ¿Cuáles son los parámetros de los que partimos para conjugar ambas realidades? ¿No son acaso una sola realidad arbitraria que parte sólo de la forma, siendo la materia informada la representación de las inquietudes del alma? Empiezo esta reflexión negando la mayor y cerrando la puerta a cualquier tipo de discordancia yo externo / yo interno. Sólo existe el yo compacto.  

 

Este debate interno se produce en el contexto de una conversación, en la que me preguntan porqué proyecto una imagen que no soy. En el preguntador el espectro de opciones en el tipo test estaban acotadas, aunque no abiertamente, y eran las que siguen: a) por provocación; b) por querer confundir al espectador; c) por sembrar el misterio y la expectación ; d) por desconocimiento de mi verdadero yo.

 

En mitad de esta conversación, mi cabeza se colapsó. Estaba tan lejos de todos aquellos planteamientos… y mi contrapregunta fue: ¿bajo que criterio juzgas discorde mi aspecto con mis valores? ¿dónde se dijo que unas mechas californianas blancas no pueden albergar una espiritualidad religiosa que está en contra del aborto?

 

 

En los prejuicios implantados baso mi respuesta. Siendo yo la primera que ha aprehendido estos prejuicios, soy consciente de que puedo en ocasiones confundir al receptor -no negaré que esto me atrae un poco…-. Porque en esta contemporaneidad si eres de izquierdas no vas a misa y si defiendes a la derecha no vas al museo. Por eso cualquiera que haya construido su identidad parcelando las diferentes opciones sociales, políticas, filosóficas y estéticas rompe los esquemas de lo establecido. Y sacar los pies del plato confunde al receptor. No estamos hechos para analizar particularidades.Yo tampoco lo estoy. Si no hay etiqueta, el proceso de comprensión se hace demasiado complejo, y entonces, cerrando el ciclo, se etiqueta de incongruente. Así, fácil, digno de la cultura del fast food.

 

Probablemente en mi litigio interno existe también esa dicotomía producida por mis prejuicios. De hecho es real. Existe en mí esa lucha interna por definir a mi yo. No obstante, a partir de esta reflexión comienzo una exploración nueva de mí misma, en la que me entiendo como un todo mucho más complejo, en el que una multitud de factores entran en consonancia para crear lo que soy.


No soy clásica. No soy moderna. No soy idealista. No soy realista. No soy de derechas. No soy de izquierda. No soy artista. No soy proletaria. No soy solitaria. No soy social. Soy María. Me tinto el pelo de colores vivos como materialización de mi percepción de lo bello, y rechazó el aborto por consecución de mi sentido vitalista. Mis actos son la materialización de mis potencias. Todo está en consonancia. Quizá sean las potencias las que andan locas tomando de aquí y de allá. Pero eso es otra cuestión… que esto sólo va de materias y de formas.

 

 

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© 2019 María Estrada