El egoísmo como motor social

Espero pacientemente a la conclusión del telediario mientras reflexiono sobre todos los argumentos egocentristas que se han colado en la escaleta de hoy. Abriendo la emisión aparece la terrible noticia del atentado en Orlando, que se ha llevado por delante la vida de 49 nocturnos que poco o nada tienen que ver con la guerra jurada por el autoproclamado estado islámico.

 

Tras oír el trágico suceso, Donald (el candidato republicano, no el Pato), ha transmitido su parecer y sus posteriores reflexiones al calor del clamor de las redes.

 

 

En diciembre del 2015, cuando la también dramática matanza de San Bernardino, Trup ya se pronunció acerca de lo que para él era el problema, aportando también su solución. Una solución que, ya por él simplificada, consistía en no dejar pasar a los musulmanes a territorio americano. Así, como si esto fuera un tablero de Risk y los musulmanes llevaran todos el pecado en sus venas. Así, con la frivolidad que se dicen las cosas más radicales al calor de un auditorio lleno. Así, como si tal cosa… Aquí cerramos las puertas, y fuera que se las apañen con lo que tengan. Pero a nosotros, que no nos jodan.

 

Continuaba el telediario con la bipolaridad británica del Brexit, y entonces el Ministro de Justicia de los ingleses decía su frase: “Cualquiera con pasaporte Europeo puede venir aquí y usar nuestros servicios”. Y yo añado: los ingleses que cada verano ingresan en Urgencias por comas etílicos en Magaluf también usan nuestros servicios, porque es la gracia de la Tarjeta Sanitaria Europea, que es recíproca.

 

En cualquier caso, parece que “lo nuestro” es cada vez más pequeñito, hasta que un día se reduzca tanto que acabe por fusionarse con la primera persona del singular. Suerte que al menos Cameron trata de aportar sentido común a esta nueva ola de egoísmo patriótico. No obstante, y como alertaba EL PAÍS hace tan solo unos días, los analistas británicos ya auguran una Europa sin ellos.

 

Al final todo se reduce a fronteras. Y luego (o antes), esos miles de personas que no llegan a nuestras costas continentales, y esos otros que, habiendo llegado, viven encarcelados a ras de cielo. Y es que además de la huida de la generosidad, también se ha fugado la memoria. Sí, la histórica, que esconde algunos capítulos de vulnerabilidad, en los que éramos nosotros los que pediamos refugio en pro de una morada libre de bombas.

 

 

Los valores están de huelga aquí (en EEUU) y allá (en Europa), y o volvemos a estructurar la escala de prioridades o el efecto contagio será imparable, y pronto los veremos a todos disfrutando de la jubilación anticipada en Benidorm. Hablo de los valores, Trump y el Ministro de Justicia inglés que se retiren si quieren, pero que lo hagan en sus casas tras sus barreras inquebrantables.

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© 2019 María Estrada